domingo, 15 de diciembre de 2013

El Gallo, un cubano feliz

Por Javier Arnedo


Es la música callejera la que nos sorprende en las ciudades y sus rincones. Son esos músicos que ahora tocan en carriles de gusanos los que nos alegran con su son, que crean esos momentos presentes únicos, mágicos, extraordinariamente efímeros, los que se recuerdan, los que te hacen volver desde la melodía al recuerdo. Tanto o mejor es recordar que volver a ver. La música es la componente social latente en todo lugar vivo. Se descubre en la calle, en las casas, en los parques, en las terrazas, en los bares y hasta en los bosques, porque en la música toda la naturaleza tiene cabida. No existen más ruidos que los que la razón dicta.

Miguel del Morales, "El Gallo" es un sonero cubano con un sueño: llevar la música allá donde quiera ser bien recibida, conocer a los grandes y a los chicos, a los locos y cuerdos, a los que acompañan su rumba y su son, y a los que con lo único que comparte es la rima. Se mete en las casas, en sus puertas, en los patios, en las escalinatas de las calles, en las plazas, en los transportes públicos, en cualquier lugar donde se pueda oir su vibrato.

El Gallo comienza su viaje onírico en el puerto de La Habana, es el inicio de un sueño que relatará sus experiencias por una serie de ciudades cubanas. Comienza en Manzanillo, pasando por Trinidad, Guantánamo y Santiago de Cuba. El Gallo es un músico callejero dotado con una voz espléndida cargada de años de emoción. Con ella, con su bagaje de canciones aprendidas desde la infancia y su guitarra conoce a un grupo de músicos que lo acompaña durante el resto del sueño. Con esta banda improvisada visita a antiguos amigos con los que tocan canciones cubanas que todos conocen, pero lo más importante es la capacidad de improvisación de este estilo. Esta libertad que se concede en ámbitos íntimos da la oportunidad a todos ellos de hacer lo que en el folclore murciano y jotero se conocen como trovos. Son rimas sencillas de carácter animoso que se intercalan entre risas y bailoteos. Un jolgorio que se transmite en todo el documental. Es el son ufano de una Cuba que no deja de ser feliz en sus entornos más bajos.

Los sonidos de Cuba no solo restringen al son latino sino que como en todas las culturas tienen variantes más ricas que las tipicamente conocidas. Así, en este paradigma músico-callejero dan cabida al rap, quizá no con todo el acierto. Pero es curioso ver cómo se entremezcla con esa nasal típica del habla cubana y sus trompetas ruidosas, saliendo de la música teórica para encontrar sonidos extravagantes.

En este viaje El Gallo nos descubre la música de puertas adentro. Esas experiencias y las que la música relata no son más que sueños de una felicidad momentánea. Vuelve a la realidad. El sueño acaba donde empieza, en el puerto de la Habana donde los cargueros vienen y van. El tráfico de sueños y de una cultura que no deja de ser de donde es y de sufrir su día a día aderezado por las excursiones musicales. El Gallo sigue allí viajando y tocando, yendo y volviendo para encontrar esos momentos. La vida de un hombre de 76 años que es feliz devolviendo a su pueblo lo que este le ha dado para hacer el dulce de un presente agrio.

Lágrimas Negras - Son cubano



Desdichado - El Gallo (Miguel del Morales)




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