El pasado curso futbolístico asistíamos a una champions curiosa. El vigente campeón era el Barça de Guardiola, el mejor equipo que servidor haya visto en su vida pisar un terreno de juego, basado sobre todo en la valiente apuesta de la cantera, aunque también con algunos fichajes en su haber bastante discutibles (recordemos Chigrinsky o Martín Cáceres, y el todavía en nómina Alex Song). El Madrid se había reforzado con los alemanes Özil y Khedira, amén del fideo Di María, entre otros. Es decir, que Florentino Pérez, tras dos años de gastar cuartos a expuertas, volvió a repetir la fórmula que tan "buenos" resultados le ha dado al Madrid: invertir capital a más no poder, que ya volverán los beneficios. Por supuesto que el hacer tanta operación bursátil hace que vivan a su alrededor gran cantidad de buitres, entre otros, representantes de futbolistas, abogados, notarios, banqueros, banqueros suizos, directivos de equipos ajenos y quién sabe si algún que otro bienhallado político y la madre que le parió, ya puestos. Es decir, tenemos dos modelos: uno que gasta dinero como si no hubiese mañana (el del español medio del ladrillo), y otro que intenta (con dudosos resultados) fichar poco y bien, pero que tiene su columna vertebral en esa maravilla de cantera llamada la Masía.
Ante semejantes titanes en liza, que anticipaban una liga apasionante y sobre todo (y esto se pensaba también en Europa) una liga de campeones en la que se dedicarían a aplastar rivales cual cucarachas hasta cruzarse las caras en una épica final con la que los cimientos del fútbol mundial temblarían. Esta campaña fue, por supuesto, ultraexplotada hasta límites vergonzosos por esos dechados de transparencia y objetividad que son los diarios deportivos Marca, As, Mundo Deportivo y Sport. La créme de la créme a nivel cultural, que se dice. La cosa pintaba bien, puesto que teníamos a ambos equipos plantados en semifinales y contra rivales que a priori eran inferiores, no tanto por la calidad de sus futbolistas, sino por el difícil momento que atravesaban en sus respectivas ligas: al Madrid le tocó el Bayern de Munich y al Barça el Chelsea. Los medios nacionales se frotaban las manos de gozo y avaricia. Con el objetivo de hincharse a vender periódicos las rotativas de nuestros periódicos deportivos se lanzaron a aventurar con un nivel premonitorio digno de Sandro Rey: ¡Final española! Lo de vender la piel del oso antes de cazarlo se queda corto comparado con tamaña osadía.
Efectivamente, el gafe se cebó con nuestros representantes, puesto que, contra todo pronóstico, cayeron ambos equipos. El Madrid todavía era más concebible, puesto que el Bayern es el Bayern, son alemanes y siempre se las hacen pasar putas al Madrid. Pero que el Barça cayese con el Chelsea, que hizo gala de un catenaccio tan aberrante y vergonzoso como efectivo, fue ya el colmo. El chasco nacional fue tremendo, pero no pasaba nada, porque en junio la selección, aún habiendo bajado el nivel, ya que poco se renueva y la gente que lleva el timón, es decir, Xavi, Xabi Alonso, Iniesta, etc. son cada año más viejos, se alzaron con la Eurocopa disputada en Polonia y Ucrania.
Este año las campanas no se alzaron tan al vuelo, pero todos pensábamos lo mismo: que este año la final española no nos la quitaba ni Luis Bárcenas. Pero esta vez, no uno, sino dos equipos alemanes se han cruzado en el camino de Barça y Real Madrid. El primero y segundo de la liga española se enfrentan, respectivamente, al primero y segundo de la liga alemana, Bayern de Munich y Borussia Dortmund. Aunque la cosa se presentaba difícil, lo que ha pasado era impensable. ¿Cómo nos iban a vapulear los alemanes en fútbol? Ellos serán mejores en finanzas y bancos, pero a nosotros en fútbol no nos gana ni Dios. Esta soberbia que tanto nos caracteriza nos ha dado nuestra propia medicina: 4-0 ha perdido el Barça y 4-1 el Madrid. Soberanas palizas se han llevado ambos equipos, de los que realmente me cuesta apreciar a cual se han pasado más cruelmente por la piedra, porque vaya repaso de juego, de físico y de calidad que nos han dado estos puñeteros alemanes.
Hasta hace poco el fútbol era lo único que nos daba alegrías sin igual, nunca fallaba. Nuestros políticos se echaban las fotos sonrientes en las finales europeas y parecía que esto no se iba a acabar. Pero igual que la hegemonía del Barça en Europa y la insistente pero infructuosa tarea del Madrid por conseguir la ansiada "décima", lo cierto es que, como decía Bugs Bunny, esto es todo, amigos. Porque ya no somos el ombligo de Europa, ni nuestra liga es la mejor (me río yo de la liga de las estrellas). De hecho, yo creo que ya nuestra selección no es la mejor. Para mí España es el Barça sin Messi, añadiéndole a Xabi Alonso y Sergio Ramos (no incluyo a Casillas por su últimamente habitual suplencia). Vamos, que es un equipo con el sistema de juego del Barça pero dirigido por Del Bosque, ese sencillo y eficiente entrenador, pero esta vez me parece que no va a bastar con eso. El Barça se ha vuelto lento, y está en baja forma. Puyol y Xavi están en el ocaso de sus carreras, y esos dos tíos son insustituibles. Cuando esta gente se retire, que Dios nos asista, porque en la guerra futbolística no hay una Europa de turno que te rescate, sólo pirañas periodísticas rumoreando con tus miserias como si esto fuese Sálvame.
Esperemos que con esta situación los aficionados se den cuenta de que el fútbol no es tan importante en sus vidas, que se puede vivir sin los Cristiano Ronaldo, Messi y compañía. No nos olvidemos que los clubs del demonio tienen una deuda con Hacienda tremenda, lo que pasa es que, claro, este negociazo que hay montado no puede caer, principalmente por dos motivos: primero, que en el fútbol hay una cantidad de dinero invertida, y sobre todo, una gran capacidad potencial de blanqueo, y segundo, el opiáceo natural para la sociedad que éste representa. Ésta última razón no la he podido ver más clara que salida de alguien del mundillo, el ya expresidente del Valencia C.F., Manuel Llorente. Jordi Évole, en un programa de 'Salvados' entrevistó a este señor cuando todavía era presidente del endeudadísimo club che, y le preguntó- "¿Y esto del fútbol para qué vale?"- Y contesta Llorente: "Hombre, esto no puede desaparecer, porque tú tienes aquí cada dos semanas a 40.000 tíos que te vienen al campo a desfogarse, gritándole al árbitro, a los jugadores, a mí, en vez de al político de turno". Yo creo que con esto, como bien diría Bernd Schuster, no hace falta decir nada más.

