miércoles, 6 de noviembre de 2013

¿Qué nos queda de la antigua Babilonia?

Soldados estadounidenses en la reconstruida Babilonia.

Todo gran imperio, desde que el ser humano es persona y los búhos velan por su seguridad nocturna, ha tenido una gran capital, un bastión, representante de la flor y nata (o no tanto) de su cultura y sus gentes, centro neurálgico del poder político y económico, y sobre todo símbolo de la fuerza de la civilización, envidia de quienes morasen allende las fronteras y orgullo de quienes habitasen tras sus seguros muros. Si el Imperio Romano tenía su Roma en el Occidente y su Constantinopla en el Oriente, el Imperio español tenía su Madrid, el Japonés su Tokio y el III Reich alemán su Berlín, los mesopotámicos, y unos siglos más tarde los persas, estaban igualmente orgullosos de su Babilonia. Y es que una ciudad cuya lotería ha sido la protagonista de un cuento de Borges y anteriormente fue satanizada por la Biblia como paradigma del vicio, de la pereza, la avaricia y del pecado (bautizada en el Nuevo Testamento como La Gran Ramera), no podía pasar desapercibida para esta bitácora.

Voy a intentar sintetizar el recorrido histórico que tuvo la ciudad milenaria. No se sabe exactamente cuando fundaron Babilonia los lugareños mesopotámicos, pero sí que aprovecharon el río Eúfrates (frontera sur de la Baja Mesopotamia) para situar su enclave. En los inicios de Mesopotamia fue una ciudad segundona, hasta que con Hammurabi (s. XVIII a.C.), se convirtió en la capital del Primer Imperio Babilónico, pasando a ser una gran ciudad a todos los niveles, pero sobre todo por su organización y urbanismo, algo nunca visto en su época, por sus grandes construcciones y ordenación. Si el esplendor de Babilonia se alcanzó con Nabucodonosor II, ese rey de tan frondosa como cuidada barba, el principio del fin comenzó con los persas, que a pesar de seguir siendo muy importante para Ciro el Grande (emperador persa unificador del imperio), dejaron de invertir en la ciudad. Cuando Alejandro Magno la conquistó, quiso convertirla en la capital del vasto imperio que estaba tejiendo a base de espadazo limpio, pero su prematura muerte en 323 a.C. impidió tales honores para la ciudad. A la muerte de Alejandro la ciudad pasó a manos de su lugarteniente Seleuco, que llevó la capital de su imperio llamado Seleúcida a Seleucia (digno de trabalenguas), lo que supuso un golpe definitivo a la gloria que Babilonia podría haber recuperado con Alejandro.

Babilonia
Babilonia ha pasado a la Historia con un áurea mística a su alrededor, pues podemos leer sobre sus fabulosos Jardines colgantes o de ese inmenso templo que fue la Torre de Babel, que tanto componente romántico, de escape, ha tenido siempre. Pero de la caída definitiva de Babilonia poco se sabe. La ciudad dejó de tener la importancia de antaño, y poco a poco fue abandonada por sus gentes hasta que, estando prácticamente desierta, la destruyeron los partos, teoría que aquí utilizo pero que no está ni mucho menos demostrada, es en lo que más o menos se han puesto de acuerdo esa gente tan infrecuente de encontrarte por la calle llamada historiadores. Pero actualmente, ¿qué resta de Babilonia, qué he llegado a nuestros días, hay piedras que la atestiguen?

La primera respuesta a este enigma la podemos encontrar en las informaciones que tenemos acerca de las excavaciones que se iniciaron en el siglo XIX buscando la ciudad perdida, o más bien el pillaje de la misma, pues los exploradores de la Indian Company británica se dedicaron a recoger todo objeto con pinta de tener miles de años y estar conservado decentemente en vez de investigar a fondo las ruinas. Menos mal que llegaron los alemanes, quienes con un equipo de arquitectos como Dios manda descubrieron varios palacios y murallas, así como un gran zigurat (templo babilónico), y realizaron planos que nos han permitido observar la Babilonia de Nabucodonosor II (o sea, la más esplendorosa) con bastante precisión. No obstante la afición desmedida por el urbanismo que sus mentes arquitectónicas poseían les impidieron recoger cualquier resto, dejando en la excavación bastantes objetos, inscripciones o huesos, que en su mayoría se han perdido.

En cualquier caso hacia el año 1900 los descubrimientos realizados hasta la fecha resultaban notorios: entre otros, la Puerta de Ishtar (de la que más tarde hablaré), la Avenida de las Procesiones (o Gran Vía babilónica) y diversos montículos como el de Kasar o Babil, de manera que unos 18 km2 de la antigua Babilonia habían sido cartografiados. Se siguió excavando hasta hallar restos datados en el año 2000 a.C. ; pero más no se pudo seguir debido al elevado nivel freático, porque el agua puede ser tremendamente traicionera. Sin la seguridad adecuada en la excavación, lo mejor es detenerla, pues el agua puede salir a la superficie y hacer que se vaya al garete todo el trabajo previo.

Reconstrucción parcial de la Torre de Babel.
La siguiente parada de nuestro viaje a Babilonia nos la va a dar un personaje histórico y totalitario, el que fue enemigo americano durante unas cuantas décadas, hasta que se lo cepillaron por lo militar: Sadam Hussein. El dictador iraquí, gran admirador de Nabucodonosor II y Hammurabi, se propuso restaurar la antigua Babilonia, reconstruir la ciudad para su gloria personal, con el objetivo de ser recordado como uno de los grandes líderes mesopotámicos de toda la Historia. Para ello puso a miles de iraquíes a trabajar en el asunto, quienes reconstruyeron el Palacio de Nabucodonosor, la puerta de Ishtar, así como parte del primer nivel de la famosa Torre de Babel. Sadam llegó a ofrecer una cuantiosa recompensa de millón y medio de dólares para el arquitecto que consiguiera reconstruir los Jardines Colgantes, de los cuales no se sabe prácticamente nada. Salvo algunas referencias en la Biblia y del geógrafo griego Estragón, es un misterio cómo y dónde se construyeron estas fabulosas terrazas de plantas.

Aunque los esfuerzos de Sadam por reconstruir Babilonia son más propios de los disparatados proyectos que tenían en mente Hitler para su Berlín o Stalin para su Moscú, sí que es cierto que sirvieron para resucitar un poco la memoria colectiva sobre Babilonia, en especial para el pueblo iraquí, que realmente era inconsciente del enorme vestigio del pasado que fue la tierra en la que vivían. Sin embargo, con el estallido de la Guerra del Golfo en 1990, todas las obras se paralizaron y Babilonia quedó a medio hacer, pues Irak, tras el conflicto, entró en una precaria situación económica, hasta que en 2003 Bush, Aznar y Blair le dieron la puntilla con su búsqueda de ese Santo Grial que fueron las armas de destrucción masiva.

Os dejo aquí un vídeo donde está todo lo que llegó a reconstruir Sadam. La verdad es que es bastante impresionante. 

Pero no sólo tenemos como restos físicos las reconstrucciones parciales y regularmente fidedignas que hay en Irak, sino también los objetos que se llevaron de sus excavaciones ingleses y alemanes:

Puerta de Ishtar: en el Museo de Pérgamo, en Berlín, se encuentra esta puerta, uno de los grandes iconos de la Babilonia de Nabucodonosor II. Formada por bellos ladrillos de lapislázuli, está cargada de motivos de dragones, toros, leones y criaturas mitológicas, constituía una de las entradas al templo de Marduk, en el cual se celebraba el Año Nuevo babilónico. Sus restos fueron encontrados durante las excavaciones y trasladados a Berlín, donde se construyeron y adquirieron el aspecto que tiene hoy día. En el Museo Arqueológico de Estambul residen unas cuantas láminas con criaturas mitológicas pertenecientes a la puerta. Hay una reproducción de la misma en la Babilonia de Sadam.



Tablillas cuneiformes: la escritura cuneiforme, consistente en dibujar una especie de símbolos o figuras con que tenían un valor como palabras, es una de las formas de expresión escrita más antiguas que se conocen. A mediados del siglo XIX se empezaron a estudiar las tablillas babilónicas que se encontraron los ingleses en sus excavaciones, que son precisamente las que hoy podemos ver en el Museo Británico. Otras muestras recogidas por alemanes se localizan en Berlín en el Museo de Pérgamo.



Inscripciones de Nabucodonosor II: uno de los últimos vestigios del poder y esplendor del rey babilónico.


Fachada de la sala del trono de Nabucodonosor II: muy del estilo de la puerta de Ishtar.


Por último, dejo un espectacular vídeo sobre la recreación en 3 dimensiones de la ciudad con todo lo que se conoce acerca de la ciudad que reestructuró dándole un lavado de cara Nabucodonosor II. Como curiosidad debo añadir que se está diseñando con la última tecnología un modelo tridimensional de Babilonia que evoluciona en tiempo real, abarcando absolutamente todo lo que se conoce de ella, pero de momento, ésto es lo que hay, que no es moco de pavo.



Tras este viaje por las ruinas de Babilonia, he de echar un capote al trabajo de arqueólogos, historiadores y demás. Si de unos restos mínimos, pues, como hemos visto, no es que se conservase gran cosa de la ciudad, han podido sacar todo ésto que hemos visto, es que realmente se puede investigar absolutamente todo por poca cosa que haya. Por tanto, si ésta misma gente que está desarrollando la evolución de Babilonia tridimensionalmente, consigue, aunque sea, un ladrillo de la civilización perdida de la Atlántida, lo que escribió sobre la misma Platón hará que los locos seamos nosotros, no él.

Pero esa es otra historia.

Referencias:

3 comentarios:

  1. Es realmente deprimente como la guerra de Irak redujo a ese país a un Estado donde hay terroristas, con la cantidad de historia y riqueza que tiene detrás.

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    Respuestas
    1. Ya ves, jamás se habían visto los jardines colgantes tan vacíos.

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    2. David Bisbal hackeando cuentas en internet. Qué poca vergüenza.

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