lunes, 27 de enero de 2014

Los manifestantes de Kiev


Por Monsieur le Tupé
 

Hoy ya sabemos que los manifestantes atrincherados en el Ministerio de Justicia de Ucrania, algo bastante simbólico, han decidido desocupar el edificio. Eso sí; la retirada es provisional a esperas de ver si en la sesión parlamentaria de mañana se dan los pasos a seguir para cumplir sus condiciones: "restaurar el orden constitucional, organizar elecciones presidenciales y cesar los actos de terror contra el pueblo ucraniano". Mientras mantienen bloqueada la entrada. 

Soy plenamente consciente de que la mayoría de las revoluciones surgen bajo la dinámica de que en el pueblo de al lado tiran al alcalde al río y por supuesto el nuestro no va a ser menos. Pero me sigue pareciendo peligrosa la ligereza con la que se quiere trasladar la situación vivida en Ucrania con nuestro problema nacional. El centro del asunto no está en si es legítimo romper adoquines para conseguir piedras para lanzar, o si se debería construir una catapulta para atacar a la policía y no para su fin original: el lanzamiento de aquellos que infringen la prohibición de traficar con alcohol bajo la ley seca. El problema está en afirmar que porque eso esté pasando en Ucrania de la misma manera tendría que ocurrir en España.

Algo similar pasó con la revolución Islandesa. Ignorando cualquier diferencia cultural, económica, política y social siempre hay personas que están más tranquilas simplificando la realidad para acotarla en su versión manejable de la misma. Islandia no era España y, una vez más, España no es Ucrania. Las diferencias entre un país y otro son abismales y sólo un loco o un necio se atrevería a afirmar que lo que funciona en uno de los países tiene que funcionar en el otro.

¿Es legítimo usar la violencia en la protesta ciudadana? Quizás. ¿Es recomendable solamente porque se está dando en Ucrania? Ni. De. Coña. 

La primera diferencia entre Ucrania y España es que ésta se encuentra sola a merced de dos mastodontes internacionales: La Unión Europea y Rusia. Hace bastantes años que el espíritu integrador desapareció de Europa, y no creo que Rusia lo tuviera jamás, por lo que éste país se ve entre dos frentes que aspiran a controlarlo. Una de las principales razones por las que se protesta es por la agresiva interferencia rusa en el país. Diciéndolo más claramente: los última generación de políticos ha estado vendiendo el país a Rusia de forma descarada. Rusia cuenta con bases militares dentro de Ucrania, tratados comerciales favorables y la promoción más o menos impuesta de su cultura. En comparación, la influencia alemana es un chiste (aunque se puede pensar que en Europa el imperialismo las mata callando, prefiriendo un modelo de sumisión mucho más lento y, quizás por ello más peligroso, menos detectable).

Sí que es verdad que la situación económica en Ucrania es un desastre. Lo que no constituye ninguna diferencia con España o cualquier otro país que esté cavilando en si hacer una versión más imaginativa y sangrienta de las hogueras de San Juan. Pero no hay que olvidar que en España aún no se han cargado el estado del bienestar, prácticamente inexistente en Ucrania. Los peores servicios sociales hacen que la vida allí sea bastante más dura.

Por último, como punto central, la represión policial en Ucrania no tiene nada que ver con la que ocurre en España (ni siquiera en las peores zonas de Euskadi). Si el pueblo ucraniano está arrojando al mundo una explosión de rabia tan grande no es por los exceso policiales que ha habido en las últimas manifestaciones, sino porque la impunidad con la que actúan los agentes es sólo una muestra de la forma de actuar cotidiana que tiene que sufrir la población civil. La policía de ese país es de lo peor que hay. En serio, tendrían que esforzarse activamente para ser peores; estudio de clases teóricas incluido.

Aquí tenéis un pequeño gráfico que sitúa la posición de Ucrania en el ranking de percepción de la corrupción realizado por Transparencia Internacional. 



España se sitúa en el puesto 40 (descendiendo a velocidad alarmante, por cierto) y vemos como Ucrania luce, seguramente sin orgullo, una puntuación de 144 en el ranking. Pero mirad los países con mejores puntuaciones inmediatamente cercanos al país. Camerún, Irán, Nigeria. Irán, maldita sea. Que la estructura política iraní inspire más confianza que la ucraniana tiene que decir algo por sí sólo. ¿Y cuál es uno de los principales motivos de ésta baja puntuación? La actuación policial en el país. 

Ucrania es un ejemplo para salir a calle y que no nos quiten lo que tanto costó conseguir. Porque es, mal que pese, adonde nos dirigimos. Pero esa rabia que vemos tiene otras fuentes distintas a la indignación española, otra realidad, otros motivos. No debemos caer en simplismo de pensar que la única razón por la cual no estamos haciendo lo mismo aquí es nuestra pasividad.

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